lunes, 23 de marzo de 2015

Los feminicidios tiñen de sangre inicio del año 2015 en Hato Mayor

Pedro Coco admitió mató a Indira con un machete, que luego lanzó a un hoyo de sanitario en la casa que compartieron
CASANDRA MENDOZA
MANUEL ANTONIO VEGA
Reportaje especial

SABANA DE LA MAR.- De los 12 casos de feminicidios que se han registrados en los tres meses del año 2015 en el país, Hato Mayor aportó dos víctimas, dejó siete hijos en la orfandad y llevando luto y dolor a por lo menos cuatro familias.
Mientras que los ataques y amenazas van a ritmo meteórico, estando recluidos en cárceles por los menos 22 hombres por querer extrañar de sobre la tierra a sus parejas.
Así lo revela el informe trimestral de “Homicidios de mujeres y feminicidios en 2015.
INDIRA CASTILLO BALBUENA
Los crímenes registrados contra mujeres apenas se llevaron días uno de otro y evidencian la crueldad y pravedad con que actúan los hombres al momento de atacar a las féminas
Los feminicidios en el 2014 alcanzaron la cifra de 88, y los homicidios en contra de mujeres a 89, para un total de 177 en todo el país.
En ambos casos registrados en los municipios de El Valle y Sabana de la Mar, los hombres atacaron movido por los celos y la baja autoestima de sus protagonistas.
Tras las muertes, los hijos que quedaron en la orfandad, están al amparo de sus abuelos, que sufren estrechez económica.
En el 2014 no se registraron feminicidios en Hato Mayor, aunque sí unos 14 asesinatos, incluyendo la muerte de una joven, asesinada por otra de varias estocadas en el batey Lechería.
Las muertes en nombre del amor, tuvieron sus epicentros en la comunidad de Mata Caballo, a 17 kilómetros al oeste de El Valle y en el barrio El Vivero de Sabana de la Mar.
Ambas víctimas residían en el costero municipio de Sabana de la Mar.
PADRE DE INDIRA
LAS HISTORIAS
Casandra Mendoza González, de 25 años, en reiteradas veces le decía a Deibi Sierra Hernández, de 26 años “Yo no te quiero como hombre, vete, déjame tranquila”.
Al parecer estas expresiones de desamor fueron produciendo despecho y animadversión en el dueño de minas de ámbar, que entendía que el dinero podía retener a su lado la trigueña y joven mujer, que habían procreado cuatro hijos con distintos hombres en Sabana de la Mar.
Apenas dos meses de estar conviviendo juntos, sirvieron para que el hombre se enamorara locamente de la jovial mujer.
“Yo no te quiero como hombre”, pudo haber sido la expresión que más afectó y puso odio a los sentimientos de David, como también llamaban al homicida-suicida.
MADRE DE CASANDRA
“Él tenía planificado matarla, porque el día anterior la invitó al Banco de Reserva a Hato Mayor, a sacar un dinero para que pagara unos pagarés de algunos electrodomésticos que habían adquiridos, para embellecer el apartamento, en el sector Pajarito”, relató su madre Juana González.
Asegura que el domingo, un día antes de la tragedia, él la encañonó en el apartamento y disparó a la pared, como una forma de amedrentarla.
“Fueron dos meses de sobresaltos e incertidumbres que vivió mi hija, porque el ofreció una mejor vida, pero los celos lo pusieron rebelde”, explicó.
El lunes, cuando supuestamente iban para el banco, David, al llegar al municipio de El Valle, dijo que tenía que ir a la casa campestre a buscar la libreta de banco, sin imaginarse ella que iba a buscar la  muerte.
“Ella no podía mirar a nadie que pasara por la calle, porque de inmediato le inquiría, que si tenía algo con ese hombre, que tanto miraba”, contó su madre.
Era un hombre de poco hablar y llegaba a la casa de su suegra y nunca se desmontaba de un motor que tenía.
Se conocieron en la zona de explotación del ámbar en El Valle, donde ella era socia completa en una mina.
Se presume que estaba embarazada, lo que será determinado con los resultados de la autopsia, practicada al cadáver.
Era la segunda de cinco hijos del agricultor Juan Mendoza y la doméstica Juana González.
“Quería un buen porvenir para sus tres hijos, dejaba de comprar blusas y pantis para comprarles ropas a sus hijos”, confesó atribulada su madre.
Claudia Torres, era su hermana de parranda y a quien la victima confesaba sus intimidades, reveló que David era más celoso que una abeja reina en una colmena.
Una vez en la casa campestre, David le dio balazo a la frente y luego se suicidó accionando la pistola marca Prieto Bereta, calibre 380, que portaba con permiso legal, dándose dos disparos.
Los cadáveres fueron hallados con disparos en la cabeza y el tórax, en el patio de una casa campestre en la comunidad Loma Mata Caballo, a 17 kilómetros al oeste del agrícola municipio de El Valle, provincia Hato Mayor.
Mendoza González presentaba un balazo con entrada y salida en la región frontal, mientras que el hombre presentaba dos heridas de balas, una en la frente y otra en el tórax con entrada y salida.
El cuerpo de Casandra quedó  boca abajo y vestía jean y blusa azul, mientras que Deibi quedó boca arriba y a su lado el arma homicida.
Ambos cadáveres fueron levantados por el legista Santini Calderón Gaston, quien envió los cuerpos al Instituto Nacional de Ciencias Forenses (INACIF), para fines de autopsias.
Al lugar de la tragedia acudió el fiscal Henry Estévez, quien evaluó las muertes como un hecho pasional, que se investigará.
El legista certificó que Deibi murió al recibir los impactos de bala en tórax anterior con salida por el arco superciliar derecho y sien izquierda y la mujer en sien derecho con salida por región occipital temporal izquierdo.
En el lugar del hecho fueron recolectados tres casquillos  calibre 380 y dos proyectiles mutilados.
Los cuerpos inertes fueron encontrado por Gabriel Sierra Valdez, padre del homicida-suicida al regresar de su conuco.
EL CASO DE INDIRA
Una de las muertes más horripilantes y atroz que se haya conocido en la historia criminológica de Hato Mayor, fue la que afectó la vida de Indira Castillo Balbuena, de 47 años, a quien su concubino le provocó golpes contusos en el rostro, espalda, brazos y para terminar le encestó una estocada por su vagina, en un arranque de celo, que hoy lo tienen en prisión con un año de prisión como medida de coerción.
Indira dejó tres hijos en la orfandad, uno de 21 años, una hembra de 19 y un niño de seis años.
Su madre la definió como una “hija buena, honesta, tranquila, trabajadora, que hacía todo para ayudarme”
“La mató a ella y acabó con mi vida, porque esa era todo para mí”, narró entre sollozos la madre.
Para Carmen Balbuena y Juan Castillo Montás, padres de Indira, “ella fue secuestrada por él en Higüey y la llevó a Sabana de la Mar, donde la ponía a tumbar y cargar cocos como si fuera un hombre”.
Tiene la creencia de que le arrebató la vida a su prole, para que ella no les llevara dinero a sus hijos.
Era la tercera de nueve hijos procreado por los esposo Castillo-Balbuena, así como el paño de lágrima de su familia en el sector Los Rosales, en Higüey, donde tenía a sus hijos.
Pedro Coco atacó a palo, puñaladas y luego la arrastro a más de 180 metros a la carretera, para hacer creer que la muerte fue accidentar.
Moribunda, la mujer fue encontrada por dos jóvenes, que caminaban por la carretera que da acceso a Sabana de la Mar y la llevaron al hospital Elupina Cordero, donde recibió los primeros auxilios.
FUE PEDRO COCO
Tras cometer el hecho,  Mario Mercedes de los Santos Díaz (Pedro Coco), de 30 años de edad, huyó del barrio El Vivero, pero fue localizado cuando regresó a la casa a buscar ropas, siendo apresado.
Para desgracia de Pedro Coco, como es conocido el malvado hombre en todo el pueblo, la mujer logró hablar y decirle a la médico de turno, quien le había dejado en inconsciente y mal herida.
Tras ser apresado admitió al fiscal de Hato Mayor, Henry Estévez “que ciertamente hubo un forcejeo cuerpo a cuerpo con la hoy occisa y que se vio en la obligación de inferirle una estocada con un cuchillo que luego tiró en una letrina”.
Zunilda Sosa, encargado de Violencia de Género del Ministerio de la Mujer en Hato Mayor, reveló que el organismo tiene una profesional del derecho para asistir legalmente a las mujeres abusadas y amenazadas por sus parejas.

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