viernes, 22 de junio de 2012

La panadería al aire libre del batey Doña Lila en SPM necesita cobija



Manuel Antonio Vega

Doña Lila, San Pedro de Macorís.- Andrés Coffi, un emigrante haitiano, que se asentó en 1985 en el batey Doña Lila, a unos 7 kilómetros al norte del municipio Consuelo, en San Pedro de Macorís a cortar caña, es desde hace dos años el único microempresario que tiene la comunidad, pero la falta de recursos y la capacidad de compra de los lugareños, no han dejado crecer el negocio. Quiere extender la venta de pan a otros bateyes, pero los recursos no le ayudan.
Admirado por las más de 160 personas que hacen vida en el batey, Coffi, de 58 años, sueña con que le llegue una ayuda para ampliar su negocio y poder aportar más a la comunidad que lo acogió y quiere como un hijo natural.
Cuando la zafra desaparece, la pequeña panadería de Coffi, prácticamente se detiene, porque una parte de la mercancía es fiada y la capacidad de compra se agota.
Igualmente cuando no hay clase en la comunidad, porque los niños están de vacaciones o es día de fiesta, la venta disminuye para Coffi, que aspira que le ayuden a echar adelante su pequeña empresa.
Adiciona a la venta de pan, mabí, dulces y coconetes, esto último horneado en su rudimentario horno, que le ayudó a construir una pareja estadounidense, que fue a la comunidad con la USAID en acción social y comunitaria en el 2010.
Andrés Coffi es padre de siete hijos, que ha tenido que mantener y criar solo, porque se separó de la madre.
EL HORNO
Sin ningún tipo de cobija, el horno fue construido a orilla de un cañaveral en el ala sur del batey, donde su actividad se convierte en una atracción para la comunidad.
Los vecinos de las 25 casas del batey se desayunan, almuerzan y hasta cenan con los panes que elabora el mulato hombre.
Está confeccionado en block, ladrillo y cemento, pero con el tiempo la estructura puede desaparecer, porque está expuesto al agua, sol y sereno.
Las pocas ganancias que logra obtener se van en la manutención, el estudio de los hijos y en pasaje para buscar la materia prima al municipio Consuelo, distantes a 7 kilómetros del batey.

A veces le compra  pequeña cantidad en el colmado de Don Agustín Pardilla, un anciano que con 99 años administra el único colmado que tiene la comunidad bateyera.
“Estoy pasando trabajo y calamidad, esto me lo impuso la vida, pero tengo esperanza en que mi negocio crezca, porque sé que alguien vendrá a valorar mi esfuerzo y sacrificio, que poco a poco voy devolviendo a la comunidad”, explica  mientras sudoroso aplicaba candela al artesanal horno.
Combina el trabajo de la panadería cn el corte y tiro de caña, indicando que no deja de cortar la caña, “porque eso recuerda mi llegada a República Dominicana en 1985”.
Andrés Coffi sostiene ser una persona “bonachona, juguetona e ingenua”, características que lo ayudan a ganarse la gente en el batey.
El drama que ha vivido este mulato, pero trabajador hombre, es digno de reconocimiento y de que alguna institución estatal, descentralizada o privada, puedan ayudar a sustentar o hacer crecer su pequeña empresa, ya sea por donación de recursos o préstamos en la banca comercial.
El batey Doña Lila debe su nombre a Lila Vicini, una hija del colono Juan Vicini, que a todas sus heredades ponía nombre de un familiar que quería o admiraba.
Esta comunidad bateyera está ubicada justamente a un kilómetro por los frentes de la escuela del batey Cachena, a unos 13 kilómetros al norte en la carretera San Pedro de Macorís-Hato Mayor.
“No pierdo la esperanza de que alguien vendrá en mi ayuda, porque creciendo mi negocio crece el batey”, dijo el ilusionado hombre.

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